SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Jn. 3, 16-18
“Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él, no muera, sino que tenga vida eterna” Jn. 3, 16-18
El libro del Éxodo nos presenta al Señor mismo proclamando cómo es su manera de ser: “Compasivo y clemente, paciente, rico en bondad y lealtad, misericordioso hasta la milésima generación, perdonador de culpas, delitos y pecados” (Ex. 34,4b-6.8-9). Juan afirma que ese amor misericordioso de Dios, llegó al extremo al entregarnos lo más querido de su corazón: su Hijo amado, para que diera vida a los que creamos en él. Ese creer, no es fruto de nuestra capacidad, de nuestra inteligencia, sino de la acción del Espíritu Santo en nosotros. Saboreemos con gozo la revelación de Dios en Jesús, a la que hemos tenido acceso por la acción de su Espíritu. Digámosle hoy con las palabras del libro de Daniel: “Bendito seas Señor, Dios de nuestros padres, a Ti gloria y alabanza eternamente” (Dan. 3,52-56).