“Den limosna de lo que hay dentro y lo tendrán limpio todo”. Lc 11, 37-41
El relato del Evangelio de hoy nos narra la invitación que un fariseo le hizo a Jesús para que fuera a comer a su casa. El énfasis está en lo que Jesús le dijo al fariseo al éste sorprenderse porque Jesús no se lavó las manos antes de comer. Jesús no deja de enseñar, siempre lo está haciendo. Ya sea entre la multitud, en la sinagoga, en la montaña, en la mesa con sus amigos o con los fariseos, siempre está enseñando algo. Hoy nos habla “de lo que hay dentro”. Podríamos decir que esta enseñanza se complementa con la primera lectura, cuando San Pablo dice a los Gálatas “lo único que cuenta es una fe activa en la práctica del amor”. Es que las buenas obras, aquellas en las que buscamos el bien de los demás antes que el propio, salen de nuestro ser más profundo, de lo que hay dentro. Hoy, ¿con qué acción puedo practicar el amor que llevo dentro?