“Señor, tú me sondeas y me conoces”. Sal 138
Hoy recordamos a los ángeles custodios. Probablemente, recordamos esa oración que siendo pequeñas y pequeños nos enseñaron, con la que aprendimos que teníamos un ángel que nos cuidaba del mal y en la que le pedíamos que no nos desamparara “ni de noche, ni de día”. Y es que, con el paso del tiempo, vamos siendo más conscientes de que Dios no nos deja solas ni solos nunca. Hoy puede ser la oportunidad para, una vez más, tomar conciencia del amor que Dios nos tiene, ese amor que le lleva a seguirse sorprendiendo con nosotros, sus creaturas, aunque ya nos conozca. Porque seguimos siendo un misterio para Él. Un misterio que no se cansa de admirar y acompañar. Quizás también sea la oportunidad para recordar el misterio que somos y agradecerle “porque son admirables sus obras”. Nosotras y nosotros somos su obra, la obra con la que, como nos recuerda el Génesis, “vió que todo estaba muy bien”.