“Mi alma tiene sed del Dios vivo” Sal 41
Hoy finalizamos el mes de las misiones y la liturgia nos recarga el corazón de esperanza. San Pablo expresa que en la vida o en la muerte, Cristo será glorificado en su cuerpo. Estas palabras solo puede manifestarlas un corazón que está totalmente confiado en quien le ha dado la vida y le ha llevado a vivir de manera insospechada y plena, aún en las tribulaciones. En pocas palabras, un corazón totalmente apasionado por el Señor Jesús. El salmista declara que su sentir hacia Dios, es semejante a la sed que solo el Dios vivo puede saciar cuando le permita ver su rostro. Podríamos decir que estos sentimientos son los mismos de las y los misioneros que viven alrededor del mundo, contagiando, a quienes se encuentran por los caminos, de esa pasión que los invita a salir de lo conocido, para dar a conocer a quien les ha llenado de sentido la vida. Pidámosle al Señor que a nosotros también nos regale pasión misionera para dar a conocer su amor a aquellos con quienes compartimos la vida.