“Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos”. Hch 1, 12-14
Hoy en la celebración que como Iglesia conmemoramos, la liturgia nos recuerda que después de la ascensión, los apóstoles, los discípulos y discípulas de Jesús, estaban con María en permanente oración. El Evangelio también nos sugiere dejarnos iluminar por el encuentro entre el ángel y María en el momento de la Anunciación. En pocas palabras, la liturgia de hoy, nos presenta a María orando. Orando cuando tiene curiosidad por saber, cómo va a suceder lo que el ángel le está diciendo. Orando con el corazón alegre y agradecido, alabando a Dios porque se fija en la pequeñez. Orando después de que su hijo ha subido al cielo con la promesa de que enviará al Espíritu que clarificará todo. María nos enseña con su ejemplo que la oración es necesaria siempre, en todos los momentos de la vida. Hoy, ¿en medio de qué realidad me presento al Señor?