“Mi alma está sediente de ti.” Salmo 62,2-6.8-9
Sentir que el alma tiene sed de Dios, como lo expresa el Salmo 70, es un reconocimiento de nuestra dependencia de Él. Esta sed es el clamor interno por Su presencia, indicando que solo el Creador puede saciar el vacío espiritual.
Sólo quien ama intensamente y se sabe amado puede pronunciar con sinceridad las palabras de este salmo. «Mi alma está sedienta de ti» expresa una necesidad profunda, acuciante, tan honda como la sed física, tan dolorosa como el hambre. El salmista aún añade: «mi carne tiene ansia de ti». El deseo de Dios, de plenitud, de trascendencia, es tan ferviente como el deseo amoroso.