8 DE AGOSTO

8 DE AGOSTO

“Si tuvieran fe, nada sería imposible”. Mateo 17,14-20

Un padre desesperado se pone de rodillas ante Jesús: no le importa el qué dirán, solo busca el bien de su hijo. Jesús, conmovido por ese amor, lo cura, mientras los discípulos, quienes antes habían fracasado en curarlo de la epilepsia, descubren que su fe era todavía muy pequeña. La fe, aunque es don de Dios, debe crecer con nuestra colaboración: como un músculo, se fortalece ejercitándola, alimentándola con la oración y los sacramentos. Si nos conformamos con la fe de nuestra primera comunión, no debe extrañarnos que hoy esté raquítica. Necesitamos una fe adulta, resistente, alimentada con las lecturas adecuadas, con la oración diaria, con los sacramentos y con todo aquello que nos ayude a fortalecerla.

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