“La planta que no haya plantado mi Padre Celestial será arrancada de raíz”
Jesús nos enseña que lo que realmente nos hace puros o impuros es la intención de nuestro corazón, no las apariencias o los rituales externos. Nos advierte sobre el peligro de ser “guías ciegos”: cuando nos aferramos a costumbres humanas y olvidamos el amor y la verdad de Dios, terminamos extraviándonos espiritualmente.
Pidamos a Jesús, nos haga conscientes de que Dios no se fija tanto en nuestras acciones externas, sino en la intención y la verdad que hay en nuestro corazón… Que este mensaje del Evangelio nos ayude a vivir nuestra fe de manera auténtica, buscando siempre amar a Dios y a los demás desde lo más profundo de nuestro ser.
¿Qué palabras que salen de mi boca, construyen o destruyen unidad, paz, armonía?