“La cizaña se arranca y se quema”. Mateo 13, 36-43.
Siguiendo en la línea de sembrar la semilla buena en el campo, la semilla crece con la cizaña. De igual manera en nuestra vida y en la sociedad, el mal acampa y se queda, si se lo permitimos. “La pregunta es, si córtala de inmediato, y Jesús responde: es dejarla que crezca junto al trigo, y cuando llegue el momento de la ciega, se cortará, se separará y se quemará”. El proceso y camino de la fe es igual, caminamos y cultivamos nuestras semillas y la de los demás; pero el mal permea y parece perder la buena semilla. El Señor nos invita a vivir pacientemente, a seguir cultivando sin contaminarnos, confiando en su amor y en su tiempo de conversión, momento de cortar la cizaña. Recordemos las palabras de San Juan de la Cruz: “todos seremos examinados en el amor”. ¿Cómo acompañamos a los-as jóvenes, que viven sometidos-as, cosificados-as por las cizañas de un mundo superficial y alienante?