Ni el ojo lo ha visto, ni el oído lo ha escuchado (I Cor. 2, 6-10)
En este pasaje, San Pablo nos recuerda que se nos ha concedido la sabiduría de Dios. Hay poca explicación sobre lo que esto implica exactamente, pero es una sabiduría del Espíritu Santo dada a través de la cruz de Cristo. Sin embargo, somos débiles y a menudo elegimos lo que no es propio de alguien a quien se le ha concedido esta sabiduría. Así como los corintios necesitaban que se les recordara el don insondable que Cristo les había dado, también nosotros estamos llamados a recordar que, lo que «ni la mente del hombre pudo siquiera imaginar”, a nosotros “Dios nos lo ha revelado por el Espíritu, que conoce perfectamente todo, hasta lo más profundo de Dios».