María meditaba en su corazón
Comenzamos el año con la solemnidad de María. El evangelio nos remite al pesebre, a la visita de los pastores y termina ocho días después con la circuncisión de Jesús. Se dice que María reflexionó sobre estos acontecimientos: el Niño que tenía en sus brazos era su Hijo y también su Salvador. Debió de recordar sus palabras pronunciadas nueve meses antes, cuando afirmó: «Yo soy la esclava del Señor. Hágase en mí según tu Palabra». A partir de ese «sí», María se convertiría en parte fundamental del plan de salvación y continúa desempeñando su misión en el mundo de hoy. Su único sí, renovado a lo largo de toda su vida, sirve como ejemplo de discipulado. Reflexionemos como María, sobre nuestro propio «sí», guardando en nuestro corazón lo que sucede a lo largo de nuestra vida.