6 DE AGOSTO

6 DE AGOSTO

“Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escúchenlo”. Mateo 17,1-9 

En el monte, Jesús se muestra tal como es: el Hijo amado del Padre, cuyo rostro resplandece como el sol. Esa luz no es evasión ni refugio, sino anticipo de la gloria que brotará de la cruz. Pedro quiere quedarse allí, detener el tiempo; también nosotros buscamos a veces un cristianismo cómodo, sin renuncias. Pero la voz del Padre nos recuerda lo esencial: “Escuchadlo”. Escuchar a Jesús implica seguirlo, bajar del monte para caminar con Él hacia la entrega total y dejar que su luz transforme nuestra historia y la de quienes nos rodean.  Subimos al monte para ver su gloria; bajamos para interesarnos en que esa gloria transforme nuestra historia, y la de aquellos que nos rodean.

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