“¿No es el Hijo del carpintero?”. Mateo 13, 54-58. San Ignacio de Loyola.
Sólo la contemplación, el hacer silencio y entrar en profunda intimidad con Dios; nos permite ahondar en el misterio de la pasión, muerte y resurrección de su Hijo; desde la Eucaristía y en cada una de sus manifestaciones del evangelio, nos puede regalar la respuesta a la pregunta: ¿quién es este, no es el hijo del carpintero?, ¿de dónde tanta sabiduría y poder para hacer milagros? Es el Hijo de Dios, encarnado en nuestra historia, manifestándose todos los días y haciendo milagros. Cuando ante una cultura desesperanzada, angustiada, que ha perdido el sentido de la vida; aparece la respuesta, es Dios con nosotros. Recordar hoy y hacer memoria de San Ignacio, es inspirarnos a “sentir y gustar” la presencia de Dios vivo, en la encarnación de su Hijo y descubrir, todas las “mociones”, movimientos del amor de Dios en nuestra vida.