26 DE AGOSTO

26 DE AGOSTO

“Dichosos los que temen al Señor.” Salmo 127,1-2.4-5

El Evangelio de hoy nos pone delante de esos “ayes” de Jesús, tan directos, tan incómodos. Los escribas y fariseos parecían impecables por fuera, pero Jesús los compara con sepulcros blanqueados: bonitos a la vista, vacíos por dentro. El Salmo, en cambio, nos abre una puerta distinta: “Dichosos los que temen al Señor”. No un temor que encoge, sino esa confianza profunda que nace de saber que Él nos conoce y nos ama tal cual somos. Quien vive así, con el corazón ordenado, encuentra paz incluso en lo sencillo, incluso en la fatiga de cada día. Pidámosle que nuestra vida interior y exterior sean siempre una sola cosa.

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