“Dios ama al que da con alegría” San Pablo a los Corintios 9,6-10
San Pablo pedía ayuda económica para la Iglesia de Jerusalén, pero su argumento va más allá del dinero: “el que siembra generosamente, generosamente cosechará”. El valor de nuestras acciones no se mide por cuánto damos, sino por la actitud de nuestro corazón: dar de mala gana anula el propósito, mientras la verdadera generosidad surge del amor. Este principio abarca mucho más que lo material, también incluye el tiempo, la atención y el apoyo que ofrecemos a los demás, pues Dios valora la intención detrás de cada gesto. Un corazón alegre al dar, se convierte en reflejo del Dios amor que nos habita. ¡No olvidemos ser felices!