“No te olvides de los humildes Señor”. Salmo 10.
Los textos de la liturgia del día evocan la justicia de Dios, Isaías profetiza para los pueblos oprimidos por poderes que dominan y esclavizan, pisoteando al pueblo que trabaja con abnegación y esfuerzo al cultivar la tierra. En estos el poder ambicioso no sólo atemoriza, sino que intimida llevando a tantas comunidades al desplazamiento. “Nos apresan y reparten nuestras tierras”. Colombia al igual, cuenta hoy con más de 7 millones de personas desplazadas internamente por la violencia, indica que el desplazamiento ha afectado a más de 8.6 millones de personas, ubicándonos como el segundo país con más desplazados internos del mundo. Esta realidad tan cruda y a veces olvidada por nosotros-as, nos interpela a orar con el Salmo 10: “No te olvides de los humildes, Señor”. Regálanos, “Señor tu Espíritu para anunciar la justicia a las naciones, hasta que haga triunfar la justicia”. ¿De qué manera nos interpela el rostro de Dios, en las víctimas de la injusticia?