“No lleven oro ni plata”. Mateo 10, 7-15.
Seguimos en la tónica de la llamada del Señor a colaborarle en el anuncio de la Buena Nueva, no sólo nos da el poder de sanar y curar, sino de ser anunciadores-as y constructores-as de la paz. “Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz, si la casa lo merece, entrará a ella la paz; si no la merece, esa paz retornará a ustedes”. ¿Cómo hacer caminos de paz, en un mundo que justifica la guerra, por la civilización, la democracia, la religión y el progreso? Por tanto, nuestra tarea es desde pequeños gestos y grandes proyectos humanizadores, donde se rescata la humanidad caída y maltratada, y se eleve la dignidad, para que desde las posibilidades se legalice la esperanza. Como lo expresa el Papa León XIV: “La guerra divide, la esperanza une. La prepotencia pisotea, el amor levanta”.