“La semilla que cayó en tierra buena son los que escuchan la palabra con un corazón noble…” Lc 8, 4-15
El sembrador sale a esparcir la semilla con generosidad, sin calcular dónde cae. La Palabra de Dios se derrama abundantemente sobre nosotros-as, pero su fruto depende del tipo de tierra que encuentra en nuestro interior. A veces somos como el camino endurecido, o como las piedras donde la fe no echa raíces, o nos dejamos ahogar por las preocupaciones de la vida. ¿Qué abrojos o distracciones están ahogando la presencia de Dios en nuestra vida diaria? Dios confía pacientemente en nuestra capacidad de dar buen fruto, pidámosle que nos ayude a descubrir : cómo preparar mejor el terreno de nuestro corazón y cómo ser tierra fértil que escucha, retiene y da vida a la Palabra.