“El espíritu del Señor está sobre mí…” Lucas 4,16-30
Es el ahora de Dios que con Jesús se hace presente, se hace rostro, amor de misericordia que no espera situaciones ideales o perfectas para su manifestación, ni acepta excusas para su realización. Él es el tiempo de Dios que hace justa y oportuna cada situación y cada espacio. En Jesús se inicia y se hace vida el futuro prometido. ¿Cuándo? Ahora. Pero no todos los vecinos de Nazaret estaban preparados para creer en alguien que conocían y habían visto crecer y que los invitaba a poner en acto un sueño tan esperado: “¿Pero este no es el hijo de José?”. También a nosotros nos puede pasar lo mismo. No siempre creemos que Dios pueda ser tan concreto, tan cotidiano, tan cercano, tan presente en un vecino, un amigo, un familiar.