Tiempo Ordinario
“Mientras repetía su oración al Señor, Elí la observaba. Ana hablaba para sus adentros: movía los labios, sin que se oyera su voz” 1 Sam. 1, 9-20
En la oración se realizan varios procesos que permiten ir interiorizando la materia a discernir: el silencio, la escucha y el diálogo. Ana repetía constantemente su petición al Señor, era tal la intensidad que ya no la expresaba a viva voz, sino que el movimiento era hacia dentro. Ana se hace escuchar de Dios porque habla con el corazón en la mano, sus palabras han sido pensadas y meditadas largo tiempo en su interior, se hace escuchar porque la mueve un deseo que se convierte en promesa para Dios. Pidamos la gracia de saber escuchar los deseos de nuestro corazón, presentémoslos a Dios en nuestra oración y Él que sabe escuchar, nos los concederá si es para nuestro mayor bien y el de otros.