“Sin mi, no pueden hacer nada” Jn. 15, 1-8
Cuántas veces vería Jesús las ramas de las vides, rotas por el viento o por la acción del viñador. A Jesús se le ocurre entonces, compararse con ese tronco fuerte que sostiene las ramas y les lleva la savia para que vivan y produzcan frutos. Luego presenta al Padre Dios, como el viñador cuidadoso, atento, para que su viña produzca lo mejor, y para ello debe podar las ramas sin fruto, que le roban fuerza a su vid. Jesús de nuevo invita a permanecer en unidad profunda con él. La vida de un discípulo que va dejando huella, es una vida fuertemente arraigada en él, por el conocimiento de su Persona, por el amor, por la identificación con sus sentimientos, por la oración. ¿Cuáles son esas cosas que estorban en nuestra relación con Dios y que nos quitan fuerza para dar los frutos que él espera?