“El servidor no es más que su señor, ni el enviado es más que el que lo envía.” (Jn 13, 16-20)
Cerramos este mes volviendo a esa escena conmovedora: Jesús con la toalla en la cintura. Nos lo repite despacio para que no se nos olvide: el orgullo y la vanidad son elementos que desunen y destruyen cualquier familia o comunidad. Cuando nos creemos más que el otro, rompemos la paz. Jesús nos salva de esa soberbia mostrándonos que la felicidad más pura está en el servicio sencillo y permanente, en bajarnos de nuestros pedestales. Hoy, ¿el deseo de tener siempre la última palabra te aleja de los demás? Siente cómo Él te dignifica enseñándote a amar desde la sencillez. Cerremos abril dispuestos acompañar con ternura a nuestros hermanos.