“Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.” (Jn 6, 30-35)
Todos llevamos dentro vacíos, una sed de amor y de sentido que nada material puede llenar. Jesús se nos ofrece como ese Pan tierno, recién horneado, que llena nuestra vida. Vivir cerquita de Él nos regala una saciedad serena, una confianza que nos permite caminar ligeros de equipaje. Hoy, ¿con qué cosas pasajeras estás intentando calmar tu sed de felicidad? El Señor se entrega solo para nutrir tu corazón. Pidámosle la gracia de cultivar un rato de intimidad con Él cada día. Que nuestra familia pueda ver en nosotros la paz hermosa de alguien que se sabe habitado por Dios.