“De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente… tiene que ser levantado el Hijo del hombre.” (Jn 3, 7-15)
Mirar a Jesús levantado en la cruz no es mirar el fracaso, sino contemplar la verdadera vida para la humanidad que nos salva del egoísmo. Cuando el individualismo, la queja constante o el rencor nos intoxican, mirar a Jesús nos devuelve el sentido compasivo de la vida. Hoy, ¿qué está dañando tu paz interior o tu vida de comunidad, de familia? Siente que del corazón del Señor surge la fuerza para ordenar tus afectos. Preguntémonos: en medio de mis problemas actuales, ¿hacia dónde estoy mirando? Abracemos nuestras cruces de hoy con paciencia y con una esperanza firme.