“Ana comenzó a dar gracias a Dios y a hablar del niño Jesús a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén” Lucas 2, 36-40
La liturgia y el cierre del año, nos invitan nuevamente a contemplar a quienes reconocen la misión de Jesús desde su infancia. Hoy es Ana, una mujer profetiza, viuda desde joven y de edad avanzada. Su vida, marcada por la oración constante y la esperanza perseverante, la dispone para identificar en ese pequeño Niño, al Salvador que el Padre envía a su pueblo. Su mirada limpia y profunda, permite ver más allá de las apariencias y reconocer la obra silenciosa de Dios en lo cotidiano. Así, ella encarna las bienaventuranzas de los limpios de corazón y de los que esperan con fidelidad. Al prepararnos para un nuevo año, ¿dónde vislumbramos hoy la realización del Reino que trae Jesús? ¿Qué experiencias del año 2025 nos ayudaron a forjar una mirada como la de Ana?