“¿Acaso no dejará las otras noventa y nueve en el monte, para ir a buscar la oveja extraviada?” Mateo 18, 12-14
La atención del Señor por nosotros es constante y busca siempre nuestra salvación. Él nos libera de aquello que nos impide amar plenamente; de los temores, los egoísmos y las barreras que levantamos en el corazón. El evangelio nos presenta a ese pastor que, movido por un amor generoso y sin medida, deja a las noventa y nueve ovejas en el monte para ir en busca de la que se ha extraviado. Su gesto rompe toda lógica humana y culmina en alegría; la alegría del reencuentro, del amor que no excluye a nadie. Nuestra fe, por tanto, no es de privilegios ni exclusividades, sino que es una invitación a abrir el corazón a todos, tal como lo hace el Padre. ¿Qué encuentros nos llenan de alegría hoy? ¿Cómo podemos, desde nuestra fe, promover y cuidar el sentido de inclusión en la Iglesia?