“El hombre prudente que edificó su casa sobre roca” Mateo 7,21.24-27
Durante esta semana recorríamos diferentes pasajes que nos revelan cómo es el Reino de Dios y quién es el Dios de Jesús. Este evangelio nos regala una verdad profunda; no se trata solo de repetir de memoria los principios de nuestra fe o de llevar en los labios palabras aprendidas. Lo que realmente importa es vivir desde esa lógica y encarnar lo que creemos. Como decía san Ignacio al inicio de la Cuarta Semana de los Ejercicios Espirituales: “El amor se ha de poner más en las obras que en las palabras”. Hacer la voluntad del Padre es construir la vida sobre roca firme; es tener un corazón limpio. Frente a esta invitación, podemos preguntarnos: ¿Quiénes son esas personas que nos acompañan, nos ayudan a discernir y a responder con generosidad a la llamada del Señor?