Mateo 18, 1-5, 10: “El que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el Reino de los Cielos”
Muchas veces las búsquedas según los criterios humanos se contraponen a las de Jesús. Los discípulos buscaban “grandeza”: poder, prestigio, reconocimiento. Jesús da un giro radical: en el Reino de Dios la grandeza no se mide por el poder, sino por la humildad y la pequeñez. El verdadero discípulo no busca imponerse, sino servir. “Hacerse como niño” significa vivir con sencillez, sin pretensiones de grandeza, sin creerse superior a los demás.
En tiempos de Jesús, los niños no tenían derechos ni estatus. Eran los más frágiles, dependientes y desprotegidos. Jesús los pone como modelo: entrar al Reino exige reconocer la propia pequeñez, vivir la confianza y abrirse a la gratuidad de Dios. El verdadero discípulo no busca imponerse, sino servir. “Hacerse como niño”, como un ángel, significa vivir con sencillez, sin pretensiones de poderío, sin creerse superior a los demás, sino ponerse al nivel de los más vulnerables, de los marginados, de esos que la sociedad no tiene en cuenta.