“Pero Dios tuvo compasión de mí” 1 Tm. 1, 1-2. 12-14
La primera lectura que nos propone la liturgia de hoy, nos habla de san Pablo, quien se reconoce mirado, aceptado y amado por el Señor tal como es. Desde ese reconocimiento y ese amor, es que puede realizar la misión a la que se siente llamado por Dios, es capaz de entregar la vida donde está y donde va. Es preciso autoconocernos para darnos cuenta del gran amor que Dios nos tiene, del gran amor con el cual nos mira y nos acepta. Es desde esta manera cristiana que podemos acoger nuestra realidad para dejarnos guiar y no ser impedimento para que quienes están a nuestro lado, también puedan tomar conciencia del gran amor que Dios igualmente tiene para ellos. Que hoy seamos reflejo de su amor en los lugares donde estemos.