“Subiendo a una de las barcas…, la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra”. Lc. 5, 1-11
Hoy, la liturgia nos recuerda el llamado que Jesús le hace a Pedro, allí donde éste labora, donde pasa la mayor parte del tiempo en su día a día. Y es que Jesús viene a nuestro encuentro, cuando menos lo esperamos, en lo más cotidiano que vivimos, quizás en aquello que ya no nos asombra tanto porque la costumbre ha hecho que le perdamos la novedad. Ahí pasa Jesús, sin pretender que maquillemos la vida, Él nos conoce muy bien y sabe subir a nuestra barca. Pidámosle que nos ayude a ser capaces de reconocerle hoy, en el día que nos regala, que tengamos la sensibilidad de descubrir en qué momento o a través de qué persona se nos hace presente para que, a partir de ese encuentro, nos decidamos a seguirle desde lo concreto de nuestra vida.