“EL SEÑOR ES COMPASIVO Y MISERICORDIOSO” SAL 103 Gen 18, 16-33
Mt 8, 18-22
Nuevamente encontramos a Abraham, en un diálogo confiado con el Señor, su amigo, intercediendo por una ciudad que el Señor va a destruir. Abraham es lanzado en su petición, pero el Señor lo escucha, dispuesto a hacer lo que le pide Abraham. Abraham aquí prefigura a Jesús, nuestro intercesor ante el Padre. Pero hay una diferencia; Abraham, que todavía no acaba de madurar en su fe, no tuvo el valor de quedarse en la ciudad para salvarla. Por él, el Señor hubiera perdonado la ciudad; en cambio Jesús, se entregó a sí mismo sin reservas, para rescatar a la Humanidad.
Hoy el Señor sigue esperando una respuesta generosa y continúa diciendo: “sígueme”. Hoy necesita mi respuesta para ser presencia suya entre tantos hermanos que necesitan una luz, una voz de aliento, un gesto de cariño. Y para ello no hay que ir muy lejos…quizá ese hermano, vive en mi propia casa.