Sexta semana de Pascua
Juan 16, 20-23
Ustedes tendrán una Alegría que nadie les podrá quitar. El Evangelio de hoy sigue hablando de la Alegría y nosotros no podemos hacer menos cuando pretendemos meditarlo y aplicarlo a nuestra vida. La Alegría no es una actitud menor o despreciable en la vida cristiana sino un elemento constitutivo y esencial.
La Alegría no es una vivencia momentánea, y mucho menos superficial; es la misma vida cristiana la que se caracteriza por este sentimiento. Es certeza de presencia, porque el Señor no abandona nunca a los suyos, es la mejor razón de nuestra ESPERANZA porque la luz de la Resurrección es la que nos habilita para no bajar nunca los brazos en el esfuerzo porque la luz de la Resurrección es la que nos habilita para no bajar nunca los brazos del esfuerzo porque la luz es ser fiel al amor del Señor.
La vida en general, no es siempre una sucesión de momentos de gozo y Alegría, en la vida, en la nuestra, hay enfermedades, separaciones, conflictos, trabajos pesados… Hay momentos de rutina, de hacer lo mismo. Todo esto forma parte de la vida y por ende de la Vida del Cristiano. Hoy nos podemos preguntar: ¿Cómo vivimos la Alegría Pascual en medio de la indiferencia del olvido de Dios?