“No desentenderte de los tuyos” (Is. 58,7).
¿Pero es que todavía existe el ayuno religioso? ¿Un ayuno para tratar de convencer a Dios de que somos buenos, o de que estamos reparando correctamente nuestras culpas? “El ayuno que Dios quiere es soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos” (Is. 58,6-7). Estamos permanentemente tentados/as de individualismo, de un ´sálvese quien pueda´, de las mil y una disculpas que nos llevan a desentendernos de los otros. Recorramos nuestras últimas 24 horas, nuestra última semana, ¿cómo han estado los otros, las otras, especialmente los más frágiles, los pobres?, ¿cómo han estado ellos presentes en nuestra atención, en nuestra manera de actuar?