“Dichosos los que crean sin haber visto.” Jn 20, 24-29
En una sociedad camuflada, disfrazada, hipócrita; es difícil poder confiar en alguien. Cada vez se busca con mayor empeño que la seguridad esté mediada por la fuerza pública, por los grupos al margen de la ley, las cámaras de televisión y no por la conciencia de las personas.
Es paradójico que sean generalmente las personas más vulneradas y heridas, las que con mayor confianza enfrenten la vida.
Tomás, uno de los discípulos, tenía como los científicos de hoy, la tendencia a creer sólo lo que él pudiera constatar por sí mismo. Es por esto que Jesús, conociendo su corazón se le aparece y le pide que meta su mano en la herida de su costado y él, al verla, creyó.
Que la experiencia de Tomás nos enseñe a creer en lo que no hemos visto. La vida no se reduce sólo a nuestra limitada capacidad de ver, sentir y experimentar porque la vida es mucho más de lo que podemos imaginar y no nos necesita para manifestarse. Dios siempre está aconteciendo.