(Mc 10,52).
Terminamos este capítulo sobre el seguimiento de Jesús, con el don de la vista, que el ciego del borde del camino, Bartimeo, lo recupera al pedírselo a gritos a Jesús. Él se ha detenido a pesar de que todos querían que el ciego se callase. Es el momento de pedir el don de ver, como tantos ciegos curados por Jesús: “Señor, ¡que vea!”. Desearlo es ya una oración auténtica, de esas que va a ser escuchada. Ver a Jesús, descubrir las exigencias del Reino en nuestro camino, disponernos a la cruz, a la incomprensión, a las críticas, en fin, seguir a Jesús, no es siempre fácil, subir con Él a Jerusalén es de pocos. A la hora de la cruz, apenas estaban presentes: María, su madre, la hermana de su madre, Magdalena y el discípulo a quien Jesús amaba. Los otros se habían aterrorizado. ¿Cómo es nuestro seguimiento de Jesús?