La Promesa vale para todos
El mensaje cristiano, no está destinado a un grupo cerrado de amigos o a unas culturas privilegiadas, sino que debe ser proclamado incluso – y sobre todo – a los que están lejos. Es la diferencia con la alianza hecha en el Antiguo Testamento, con el “pueblo elegido”. Jesús no ha resucitado sólo para consolar a unos amigos de su dolorosa ausencia, sino y sobre todo, para ofrecer al mundo entero, aunque estén lejos, una esperanza cierta, más allá de toda expectativa humana.
Tú ¿crees esto?… ¿será todavía verdad para este mundo convulsionado y deshumanizado que nos está tocando vivir? Lleva esas inquietudes a tu oración de hoy.
Ponte en el lugar de María Magdalena que llora desconsolada… y escucha a Jesús que dice tu nombre y con eso lo reconoces vivo y Él, te envía a tus hermanos. ¿A quiénes? ¿con qué mensaje?