“Está vivo. De eso, somos testigos.
Jesús al morir, no dejó bienes, ni hijos, ni libros o documentos importantes… Dejó un grupo de amigos, que al anunciar la Buena Nueva de la que habían sido testigos, fueron formando comunidades, haciendo posible que el mensaje de Jesús traspasara el tiempo y el espacio y llegara hasta nosotros. La liturgia del tiempo Pascual, nos invita a leer y orar esos comienzos de lo que hoy llamamos “la Iglesia”. Revisitar los comienzos es algo que da siempre mucha vida.
Empezamos hoy con la primera predicación de Pedro, revestido del Espíritu de Jesús Resucitado. No se calla el inverosímil y peligroso mensaje de la resurrección de Jesús, ni anda con rodeos al señalar con el dedo a los asesinos. Asómbrate hoy en oración, de la transformación que el Espíritu obró, en el Pedro que conocemos en el Evangelio y súmate a la alegría de las mujeres del Alba, de las que habla el Evangelio de hoy, cuando Jesús las hace anunciadoras de la Buena Noticia a los discípulos.