“Esto es lo que ha hecho por mí el Señor” Lc. 1, 5-25
El Evangelio de hoy nos presenta a Zacarías e Isabel, dos ancianos que concebirán a Juan el Bautista. Ellos tienen una misión especial en el plan de salvación. El hijo que tendrán es escogido y amado antes de su nacimiento mientras se anuncia su alumbramiento de una manera especial. El Espíritu del Señor los mueve; su misión exige sacrificios. El silencio misterioso de Zacarías (quedó mudo) proviene probablemente de la alegría de un mensaje abrumador, demasiado sorprendente y maravilloso para poderse expresar en palabras.
En estas historias vocacionales está el hecho de que el pueblo es débil, que la salvación es otorgada por Dios de manera gratuita, que la esterilidad abre paso a la fertilidad, que se exigen siempre sacrificios. Y por eso, el Espíritu de Dios será quien moverá a esas personas elegidas.
Todo esto es también aplicable y se hace verdad en nosotros, ya que estamos llamados a preparar el camino del Señor.