SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
“Serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta el confín de la tierra”. Hech. 1, 1-11
La presencia física y visible de Jesús, ya no estará más; ha entrado definitivamente en Dios; es lo que significa que una nube lo cubrió. Ya no estará sometido a las limitaciones de espacio y de tiempo, propias de su condición humana; ya podrá acompañarnos en todo momento y lugar, siempre y hasta el final de los tiempos. De ahora en adelante será la fuerza de su Espíritu quien nos guíe y nos apoye. Y nos deja una misión; nuestra vida ha de ser presencia suya en el mundo. Necesitamos dejar que el Espíritu Santo modele los rasgos de Jesús en nosotros-as, para hacerlo visible a los-as hermanos-as. El contacto frecuente con él, a través de su Palabra y de la comunicación personal en la oración, serán la fuerza de nuestro testimonio. Alguien decía:” nuestra vida será el único Evangelio que muchos podrán leer”.