“El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.” (Jn 6, 52-59)
“Él en nosotros y nosotros en Él”… ¡qué intimidad tan bella y profunda! Comulgar no es cumplir un rito; es dejar que el corazón de Jesús lata dentro del nuestro, que sus manos sean las nuestras, que sus palabras salgan por nuestra boca. Y esa unión nos empuja inevitablemente a ser artesanos de paz allá afuera, donde hay tanta división y heridas. Hoy, ¿nuestra fe se queda escondida y cómoda, o nos mueve a transformar nuestro entorno? Siente la vitalidad inmensa de Dios llenando tu ser. Pregúntate: ¿mis decisiones y mi trato con la gente reflejan de verdad que Jesús vive en mí?