“Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados; pero, ¿qué es eso para tantos?” (Jn 6, 1-15)
Frente a una multitud con hambre, lo más fácil era cruzar los brazos. Pero un muchacho sencillo saca de su mochila todo lo que tiene. Jesús lo toma entre sus manos, da gracias, y el milagro de la solidaridad sacia a todos. Dios no te pide que resuelvas tú solo los problemas del mundo; solo te pide que pongas tus “cinco panes” con generosidad. Hoy, ¿el miedo a “no tener suficiente” te impide compartir? Siente cómo Él bendice tus actos de bondad. Pregúntate: ¿cuál es ese talento, tiempo o cariño que hoy puedo compartir para hacerle la vida más amable a alguien más?