“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Lc. 1, 26-28.
El saludo del ángel a María inaugura algo totalmente nuevo: Dios toma la iniciativa y entra en la historia humana de manera inesperada. No se dirige a una persona poderosa ni influyente, sino a una joven sencilla de Nazaret. Allí comienza la obra de la salvación.Las palabras del ángel revelan la identidad profunda de María: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. La alegría nace de saberse habitada por Dios y acompañada por su presencia. Hoy este evangelio nos interpela: ¿Somos capaces de acoger a Dios cuando irrumpe de maneras inesperadas? ¿Creemos que también nuestra vida puede ser lugar de gracia? Como María, estamos llamados-as a escuchar, confiar y abrir espacio a Dios, para que su amor siga encarnándose en el mundo.