En este primer día de la semana, iluminados ya por la Resurrección de Jesús, el Evangelio nos invita a unirnos a quienes siguen buscando a Jesús en la oscuridad, aquellos que lo acompañaron junto a la cruz y quizás fueron al sepulcro donde lo habían puesto. María Magdalena, movida por ese amor profundo que la unió a Jesús, madruga y va al sepulcro cuando aún no había amanecido; encuentra que han quitado la loza del sepulcro y sorprendida corre en busca de los dos discípulos Pedro y Juan; y es Juan, el discípulo amado, el que llega primero y comprueba que el sepulcro está vacío, también Pedro lo comprueba y cree, y comprenden entonces que Jesús había de resucitar como dice la Escritura. Es así como el amor iluminado por la fe y la Palabra de Dios, permiten captar en el sepulcro vacío y en la oscuridad de un mundo sin luz, que Jesús está vivo y que en Él Dios ha vencido el mal y la muerte.