“Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen…” (Jn 10, 22-30)
Para reconocer la voz de Jesús entre tantos ruidos y notificaciones del día, necesitamos hacer un poquito de silencio. Él nos conoce profundamente, sabe de qué cojeamos y aun así nos ama con locura, prometiendo que nadie nos arrebatará de sus manos. Hoy, ¿te estás regalando diariamente, al menos cinco minutos de silencio de calidad, para afinar el oído del corazón y charlar con Él? Siente la seguridad de estar acompañado por Él. Pidámosle que nos enseñe a cultivar esa intimidad preciosa cada día. Que los demás, al vernos vivir, noten que seguimos la voz del Señor, del buen pastor.