“Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas.” (Jn 10, 11-18)
Un pastor asalariado huye cuando ve al lobo, pero Jesús no. Él se queda, se hace cargo y da la vida por nosotros, porque nos ama con entrañas de madre y padre. Cuidar de verdad a alguien implica estar ahí, en las duras y en las maduras. A veces, la verdadera armonía en casa cuesta sacrificio y renuncias por amor. Hoy, cuando surgen conflictos o momentos difíciles en tus relaciones, ¿tiendes a huir o los afrontas con valentía y diálogo? Siéntete profundamente cuidado por el Pastor que no te abandona nunca. Pidámosle un corazón generoso para ser refugio seguro y hombro de consuelo para los nuestros.