“Trabajen, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna.” (Jn 6, 22-29)
Hoy una buena parte de la humanidad vive corriendo todo el día, persiguiendo logros, reconocimiento, dinero… y al final de la jornada, se sigue sintiendo vacía, con una queja en los labios. Jesús nos detiene hoy con cariño y nos dice: “No te desgastes solo en lo que se acaba”. Cuidar nuestra relación con Él es el verdadero alimento que nos sostiene y nos llena de paz profunda. Hoy, ¿qué afanes innecesarios te están robando la energía y desconectando de lo importante? Siente que Él te ofrece una plenitud que no se compra con nada. Pregúntate: ¿estoy cuidando mi mundo interior con las mismas ganas con las que cuido otros aspectos de la vida?