“Les he dado ejemplo para que, lo que yo he hecho con ustedes, ustedes también lo hagan.” (Jn 13, 1-15)
Hoy es el día del amor que se arrodilla. En la Última Cena, Jesús se quita el manto, se abaja y lava los pies cansados de sus amigos. Nos enseña que la verdadera grandeza no está en el poder, sino en cuidarnos los unos a los otros con inmensa ternura. No hay espiritualidad real si pasamos de largo frente a la fragilidad del hermano. Preguntémonos hoy con honestidad: ¿qué orgullo no me deja inclinarme para ayudar a los míos y a los demás? Sintiendo que Él nos lava también a nosotros de nuestros cansancios, preguntémosle: ¿quién necesita hoy de mis manos y mi servicio para recuperar la paz y la unidad?