Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres. (Mc. 7, 1-13)
Jesús y sus apóstoles comían sin purificarse, según la tradición. Los fariseos se apresuraron a juzgarlos. Jesús rápidamente señaló que, por el contrario, los fariseos estaban ignorando el corazón de la ley, sustituyéndola por leyes y costumbres creadas por el hombre, y puso como ejemplo, cómo habían invalidado el mandamiento de honrar al padre y a la madre. También a nosotros nos puede resultar fácil identificar a los hipócritas entre nosotros, aquellos que se preocupan más por un sacramento o un rito concreto que por aquello a lo que apuntan: Jesús. Sin embargo, puede que nos resulte más difícil identificar nuestra propia hipocresía. ¿Con qué frecuencia comparamos nuestro arduo trabajo en nuestro ministerio, con el de otros, o nos consideramos más fieles en un sentido u otro? Pidamos a Dios que nos ayude a reconocer nuestras propias pretensiones.