“Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños.” Lucas 10, 21-24
Las palabras de Jesús desde la alegría que le da el Espíritu, nos invitan a considerar cómo Él y el Padre, se fijan en lo sencillo y pequeño de este mundo. Este horizonte de sentido conduce a que la experiencia de Dios es posible en la cotidianidad, en nuestro día a día. Por tanto, contemplemos la manera como el Señor actúa en nuestra vida, en cómo nosotros-as lo hacemos vida para las personas que nos rodean y en esos rostros de los pequeños que nos aleccionan y nos permiten ver la presencia del Señor. Ahora bien, frente a la realidad en la que vivimos, ¿qué ojos tenemos? ¿Nos gana el desánimo o el sentimiento de incertidumbre, de rechazo, de añoranza o dejamos que nuestros ojos vean la vida desde Jesús?