Jueves 23 de octubre

Jueves 23 de octubre

Lucas 12, 49-53: “He venido a prender fuego”

Jesús expresa su misión con una imagen poderosa: el fuego. En la Biblia, el fuego es símbolo de la presencia y acción de Dios que purifica, ilumina y transforma (cf. Ex 3,2; Hch 2,3). El deseo de Jesús es que ese fuego del Espíritu se encienda ya en la tierra: un mundo renovado por el amor, la justicia y la verdad. No es un fuego destructor, sino transformador. El fuego del Evangelio implica que el cristiano se deje llevar por el Espíritu que nos purifica y nos enciende en amor y pasión por el Reino.

Jesús quiere que nuestro corazón arda con el fuego de su Espíritu. Ese fuego transforma, incomoda y exige decisiones. Seguir a Cristo no es vivir en una paz superficial, sino en la verdad que libera, aunque provoque división. Ese fue el fuego que sintió Juana de Lestonnac para emprender su obra de la Compañía, con todas las implicaciones de incomprensiones y de cambios. ¿Cómo es mi fuego? ¿Cómo lo alimento, para no dejarlo apagar?

Scroll to Top